Luego de pasar muchas vacaciones de verano en la Carretera Austral y enamorados de los extraordinarios paisajes de aquella zona, la familia Christensen Arteaga soñábamos con tener un lugar propio. Por ello, adquirir una propiedad pareció un paso más en el camino.
 
Sin embargo, la historia de Mallín Colorado comienza mucho antes. La historia de Mallín Colorado es una historia familiar. Con el nacimiento del último hijo, Felipe, nuestra familia comenzó a tener 9 miembros: nuestros dos padres y los siete hermanos. No fue algo fácil, lidiar con los problemas cotidianos. No había nana que nos aguante demasiado tiempo.
Desde pequeños que hemos sido organizados por la mano estimulante y receptiva del papá, con sus reuniones tan participativas y tan llenas de respeto por lo que tiene cada uno por aportar. Y cuando el caos se apoderaba de nosotros, siempre la mamá con su brazo acogedor nos mostró y nos llevó por el camino correcto, contagiándonos con su fuerza y fe en que la mano de Dios actúa cada día.
Ha sido en familia que hemos aprendido a soñar, a gozar con la naturaleza, a trabajar en equipo, a atender visitas y hacerlas sentirse parte de la casa, a hacer camas, cocinar, contar cuentos, escuchar a quien lo necesita, a hacer milagros con poca plata, a amar y servir a los demás.

El inicio de una aventura

Luego de adquirir la propiedad, Eduardo, uno de los hermanos, construyó la primera cabaña. Y fue así que, naturalmente, por el año 1995, comenzamos a ofrecer alojamiento y comidas a los viajeros espontáneos. Era un sueño hecho realidad. Por fin teníamos algo nuestro, impregnado de una esencia familiar, y donde, además, podíamos compartir con otros aquello que amábamos: La misma naturaleza y su experiencia transformadora, las delicias caseras hechas por nuestra madre y el sentimiento cálido de vivir una aventura con nuevas personas.
 
Fuimos y somos felices de recibir y atender a los viajeros, hacer que cada una de ellos se sientan como en su hogar; escucharlos, acompañarlos y aprender de ellos.
Mientras Eduardo se encargaba de la construcción de las cabañas, María Soledad Arteaga, madre y dueña de casa, preparaba exquisitos platos caseros. Paso a paso fuimos construyendo un negocio familiar, donde cada uno aportaba su visión y su labor, así, por ejemplo, el Tata Eduardo, fundador y dueño, se encargaba de sembrar árboles nativos para nutrir el bosque que rodea a la propiedad; mientras que los jardines del frente de las cabañas fueron pensados y diseñados por Anita, una de las hermanas Christensen.

Hotel boutique y all inclusive: Creciendo poco a poco

Con el paso de los años nos convertimos en una micro-empresa turística atendida por un equipo profesional, ofreciendo programas y manteniendo la misma atención personalizada al viajero internacional. Creamos programas e incluimos servicios locales de botes para visitar la Catedral de mármol; añadimos guías de hiking para recorrer los diversos senderos que atraviesan los bosques nativos y trabajamos con empresas locales para hacer caminatas en hielo sobre el glaciar Exploradores o el glaciar Calluqueo. También creamos el Tata Tour, como parte de una experiencia de convivencia familiar inolvidable; y no nos olvidamos de los sabores caseros y evocadores de la Patagonia, para disfrutar de la cocina y buena mano de la dueña de casa.
Hoy los siete hermanos, y nuestros padres ya mayores, seguimos muy involucrados, y siempre está algún integrante familiar recibiendo a los viajeros. Con esfuerzo y sacrificio, logramos construir 4 cabañas y Casa Lenga, con capacidad que pueden alojar a 32 personas en total.
En una superficie amplia, de casi 12 hectáreas, construimos y distribuimos las cabañas de manera que garanticen una gran experiencia para quienes nos visitan. El silencio, la privacidad y la exclusividad son grandes cualidades de Mallín Colorado. Transforman totalmente la manera de descansar, de vivir nuevas aventuras y de disfrutar de la obra natural que nos rodea. Mallín Colorado se convirtió en un lugar sagrado, para conectarnos con nosotros mismos y renovar energías para calibrar nuestras aspiraciones y vivencias.

Mirando al futuro, un lugar familiar y sustentable

Hoy, los siete hermanos seguimos participando en el desarrollo, crecimiento e innovación del negocio familiar. Ya sea en lo sustentable, las finanzas, las ventas, el marketing, los recursos humanos o el amplio despliegue artístico, cada uno tiene a su cargo un área.

En compañía y guiados por nuestros padres, invertimos tiempo, ilusiones, mucha constancia para lograr que Mallín Colorado prospere día a día, año tras año. Trabajar unidos en familia se convirtió en la clave y el principal valor de Mallín Colorado.

Actualmente estamos potenciando un futuro sustentable con acciones concretas como la reforestación, cultivos orgánicos, el máximo uso de ingredientes locales, cercanía con la comunidad local y participación en iniciativas sustentables de la zona.

Forjamos hace 25 años este magnífico lugar y creemos que uno debe devolver a la tierra lo que la tierra nos ha dado. Avanzamos juntos y proyectamos metas para seguir construyendo con mucho amor y unidad una empresa moderna, sustentable y respetuosa de la naturaleza que busca siempre potenciar su belleza y recursos.

Esta gran aventura llamada Mallin Colorado nos trajo un sinfín de emociones, nos transformó como familia, permitió fortalecer vínculos, nos llevó a conocer visitantes que se convirtieron en grandes amigos y consejeros. Desde aquí siempre cultivaremos como tesoros nuestros mejores recuerdos.